lunes, 15 de diciembre de 2014

El creador todopoderoso.

La hoja está en blanco y ha de empezar a escribir. Palabras, letras, sonidos, significados que dicen nada y lo valen todo. El poder de comenzar un relato único en la punta de un bolígrafo sobre el papel... o de cinco dedos sobre las teclas.
Parece un sueño hecho realidad. Un regalo divino. Tanto poder y responsabilidad en una misma persona: crear, vivir fantasías en el interior de la mente mientras la realidad que rodea su cuerpo se enfría, oscurece, y distorsiona. El romance silencioso entre el creador y su criatura. Un baile sin fin de ojos concentrados, brazos sosteniendo, espaldas rectas, movimientos rápidos, desgaste de zapatos... inercia sin fin que arrastra al abismo de la genialidad y la locura.
Dicen.

Pero, ¿quién lo dice?
Que no se engañe el lector aficionado y curioso. No es necesario –ni, admitámoslo, posible- transformar una hoja en blanco en un best-seller al primer intento. Ni al segundo. Y si tienes mala suerte en alguna de las mil partes del proceso editorial, tampoco lo harás al décimo. Lo más probable es que esas primeras hojas –inacabadas- acaben arrugadas en la basura o, si se es nostálgico como yo, en una carpeta de “Primeros bocetos para futuros proyectos”. En mi amplia experiencia de escritora no-best-seller-para-nada, ten la carpeta si quieres, pero deja que pasen al menos diez años desde la última vez que la abriste antes de releerla; hazme caso, al menos te servirá para reírte un rato... y comprobar cuánto has mejorado.
No es la hoja amiga del escritor, sino una tierra yerma en la que tiene que plantar semillas. Pero al contrario que el agricultor, las palabras no crecen solas una vez que se le aplican los cuidados pertinentes, hay que tirar de ellas en un intento de que brote el sentido en los trazos de tinta... y no siempre lo hace. Para mejor ejemplo, relean todo lo anterior ¿acaso tiene sentido?
Malamente sería este oficio el trabajo de un creador todopoderoso, sino más bien los desvaríos de una mente luchando por encontrar sentido a sí misma, por expresarse sin alzar la voz, por experimentar el mundo con posibilidades infinitas y sobrevivir a todas ellas. Una búsqueda personal atrapada en las palabras no pronunciadas.
O quizá no.
Qué sabré yo, que aún estoy buscando...


2 comentarios:

  1. Madre mía querida, tú sí que te superas cada día. Me encanta lo que dices y como lo expresas. Estoy segura de que llegarás lejos...

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    1. Muchas gracias, madre. Tú como siempre mi mas fiel admiradora.

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