viernes, 20 de noviembre de 2015

Las 5 lecturas que marcaron mi infancia

¡¡HOY ESTAMOS DE CELEBRACIÓN!!
            Para todos aquellos que aún no lo sepan, hoy, 20 de noviembre, celebramos el Día internacional de los derechos del Niño. Y para todos aquellos que aún no se lo imaginan, yo también fui niña hace no mucho y en ocasiones aún me comporto como tal. En aquellos tiempos antiguos de antaño y Maricastaña, todo esto era campo yo ya estaba suficientemente viciada con la lectura como para considerar que mi único principal derecho era el de contar con libros a mi alcance e indignarme profundamente cuando por portarme mal y ser castigada alguna razón no podía disponer de ellos y era obligada a salir al mundo exterior y afrontar la realidad.      
            Pero como en el día de hoy hemos de honrar los tiernos años de infancia, a nadie le apetece conocer con detalle mis vicios secretos no insistáis y este blog trata de lo que trata, me dispongo a ofreceros sin más preámbulos una pequeña lista de los cinco libros (las sagas y colecciones están excluidas) que más marcaron mi infancia y me convirtieron en la escritora –y persona- que soy hoy.


5. “El señor de los ladrones” –Cornelia Funke.
Huyendo de su tía, que intenta separarlos, Próspero y Bonifacio llegan hasta la maravillosa Venecia, donde encuentran cobijo en una banda juvenil liderada por el misterioso Señor de los Ladrones. El detective Victor está sobre su pista, pero acaba entablando amistad con los escurridizos ladrones. Un enigmático encargo llevará a los niños a una isla de la laguna, que alberga un misterio..... Un relato con elementos de David Copperfield y Peter Pan.
El señor de los ladrones es un libro que para un niño lo tiene casi todo: Una ciudad encantadora que parece encantada, una banda de amigos que conviven a su aire, un líder misterioso y enigmático...
Con esta novela descubrí Venecia, cómo algunos adultos no siempre quieren lo mejor para ti, que los bigotes postizos no disfrazan muy bien y que la soledad no entiende de clases. Y además de todo esto, todo lo demás, que es mucho y no os lo puedo contar.


4. “Dos años de vacaciones” –Julio Verne.
            “Un grupo de quince muchachos de diferentes nacionalidades pertenecientes a un colegio de Nueva Zelanda, embarcan en una goleta, mientras la tripulación descansa en tierra, inexplicablemente las amarras se sueltan y la embarcación es arrastrada por una tormenta hacia alta mar, provocando el naufragio de la misma. Los adolescentes encallan en una isla desierta donde vivirán las más increíbles aventuras y la lucha constante por la supervivencia.
            Otra gran fantasía infantil: Una aventura inesperada te lleva a una isla desierta en la que has de explorar y aprender a vivir. ¿Cuántas veces nos hemos hecho la pregunta de “qué te llevarías a una isla desierta”? Pues este grupo de chicos ni siquiera tuvo tiempo de responder antes de verse en esa situación.
            Esta es una de las novelas menos reconocidas de Verne, pero para mí es mi absoluta favorita. Quizá sea por el hecho de que poseo una edición preciosa en cuero rojo con la portada grabada en dorados, quizá porque me tienta la idea de una aventura a lo Robinson Crusoe en versión infantil con un grupo de “amigos”, quizá porque ya sólo el título tienta a la lectura... No lo sé. Sólo sé que, a pesar de que la obra original estaba dividida en dos tomos y entonces debería contar como saga y no estar en esta lista, no he podido resistirme por lo mucho que esta aventura aún me hace soñar.


3. “Un pequeño romance” –Patrick Cauvin.
            “Qué ocurre cuando dos niños se comportan como adultos y viven un gran amor”.

            La sinopsis de esta novela es como veis muy muy cortita, pero es que realmente no necesita decir nada más. Dos niños, diferentes vidas, entornos sociales y experiencias, unidos por aquello que les separa del resto del mundo: Su gran inteligencia muy superior a la media y el amor inesperado que nace entre ellos. Entre escapadas al cine, complicados juegos inventados y las historias de un anciano diplomático, los dos jóvenes se embarcarán en la mayor aventura de sus vidas tras encontrarse a sí mismos en el otro.
            Porque ser raro y diferente no es nada malo... especialmente cuando encuentras a alguien con quien compartir y disfrutar todas tus rarezas.
            Para todos aquellos a los que os dé pereza leer, hay hasta una película de 1979... aunque sobre ella no puedo opinar, aún no la he visto.


2. “El Alquimista” –Paulo Coelho.
            “Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño. Basta con aprender a escuchar los dictados del corazón y a descifrar el lenguaje que está más allá de las palabras. El Alquimista relata las aventuras de Santiago, un joven pastor andaluz que un día abandona su rebaño para ir en pos de una quimera. Un enriquecedor viaje por las arenas del desierto que recrea un símbolo hermoso y revelador de la vida, el hombre y sus sueños.
            ¿Qué decir de este gran libro? Que durante muchos años lo consideré mi manual de conducta por parecer que había caído del cielo y había sido escrito para mí: Sigue tus sueños allá donde te lleven, aprecia las señales del universo, escucha a tu corazón y confía en él... Si es que sólo pensar en este libro me deja una sonrisa en los labios...
            Y vale, habrá gente que diga que las historias de Paulo Coelho son algo flojas o con finales muy abiertos, no es la primera vez que escucho a alguien decir esto. Pero es que lo importante de sus libros no es tanto la historia como el mensaje. Es una historia creada para el mensaje, no un mensaje derivado de una historia. Y eso lo hace, a su manera, precioso.


1. “El principito” –Antoine De Saint-Exupery
            “Viví así, solo, sin nadie con quien hablar verdaderamente, hasta que tuve una avería en el desierto del Sahara, hace seis años. Algo se había roto en mi motor. Y como no tenía conmigo ni mecánico ni pasajeros, me dispuse a realizar, solo, una reparación difícil. Era, para mí, cuestión de vida o muerte. Tenía agua apenas para ocho días. La primera noche dormí sobre la arena a mil millas de toda tierra habitada. Estaba más aislado que un náufrago sobre una balsa en medio del océano. Imaginaos, pues, mi sorpresa cuando, al romper el día, me despertó una extraña vocecita que decía: —Por favor..., ¡dibújame un cordero!
            Como dice la expresión, Dios nos vino a ver cuando Saint-Exupery tuvo la magnífica idea de escribir esta preciosidad de libro. Nadie, nadie, NADIE debería vivir su vida sin haber leído esta obra maestra sea a la edad que sea. Si lo hace una vez en cada etapa de su vida, aún mejor: si hay un libro que nunca podremos leer demasiadas veces es éste.
            El principito en su asteroide, con sus volcanes, su rosa y los baobabs intrusivos, decide explorar el universo y las personas que viven en él. Literalmente: la estupidez humana vista a través de los ojos de un niño. Y qué bella y certera forma de darse cuenta, ¡qué gran recordatorio de aquello que nunca deberíamos perder!
            Todos aquellos que se atrevan a decir que “no es más que un libro tonto/simple para niños” que se aparten de mi vista, no los quiero en mi vida. Que se dediquen a sus sombreros y números y me dejen con mi boa y mis sueños... al fin y al cabo, no podrían entenderlos ni aunque lo intentasen.



2 comentarios:

  1. No hace mucho me enteré de que cuando te obligaba a salir a dar un paseo y abandonar los libros un rato, te llevabas uno escondido y te ibas al lado del cementerio a leer para que nadie te viese con el libro. Jajaja. Hasta ese punto llegaba tu amor por la lectura...

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    1. Jajaja. Es que también quería aprovechar y leerle historias al abuelo, hombre. Y sí que me descubrió alguien una vez... vaya susto que me metió. Lo último que me esperaba era oír una voz hablándome justo detrás de mí en pleno cementerio.

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