viernes, 23 de diciembre de 2016

5 preguntas que no hacer a un escritor

            En esta nueva tanda de preguntas encontraremos cinco que los escritores sí deberían saber responder pero no tendrían por qué hacerlo. Digamos que no son demasiado consideradas para con los susodichos, por mucha curiosidad que le provoquen al resto del mundo.
            Así que, ya que estamos en época de Navidad, paz y amor, vamos a repasarlas un poco para saciar curiosidades de antemano y que a nadie se le escape alguna en las cenas familiares y tenga que acabar culpando al exceso de alcohol... No cuela, ya no tenéis excusa ni disculpa, este año no.

            1. ¿De dónde viene la inspiración?: Pues mira, te cuento: La Señora Doña Inspiración, tiene muchos aires, así que, para empezar, hay que tratarla de usted. La Doña es cultivada en la superficie lunar con mucho mimo, por agricultores gigantes especializados que visten esmoquin plateado, cascos de astronauta con cuernos vikingos y guantes de pelo de unicornio. Yo la compro por internet en www.masraraqueunaovejaverde.com y la pago en DPIA (Deseos Profundos e Irreales del Alma).

            2. ¿Cuánto se gana escribiendo?: Pues mira, te cuento: Siendo sincera, si quisiera asegurarme de llegar a ser rica en la vida, no sería escritora. O esperaría a ser rica antes de dedicarme a la escritura... y después, quizá, sólo tendría tiempo de hacerlo como hobbie. Tanta suerte en este mundo, han tenido muy pocos y hablar de dinero incomoda, especialmente cuando no se tiene. Así que... asume la idea de que a un escritor es a la última persona que podrás gorronear con holgura.

            3. ¿Por qué no dejas de pasear o soñar despierta y te pones a escribir de verdad?: Pues mira, te cuento: Porque eso es parte del proceso de escribir, puede que más aún que poner una palabra delante de otra. No te puedes poner a construir un edificio por el tejado, ¿verdad? ¿Por qué no dejas tú de lavar y cortar verduras y te pones con las ollas a cocinar de verdad?

            4. ¿Por qué tardas tanto en acabar tu próximo trabajo?: Pues mira, te cuento: Las cosas de palacio van despacio, las prisas no son buenas cuando se trata de presentar algo ante el mundo y el estilo de vida de un escritor no siempre le permite dedicarle todo su tiempo a la escritura o a ese libro en particular. Normalmente porque o no se dedica sólo a escribir o trabaja en más proyectos que los propios... si no entiendes el por qué, revisa el punto dos.

            5. ¿De qué va tu novela y cómo acaba?: ¿En serio? Pues mira, te cuento: Ningún escritor se tira meses y años escribiendo cuidadosamente su obra para después descuartizártela en dos minutos sin sentimiento ni profundidad ninguna. Lo bonito de una historia es leerla y vivirla mientras lo haces. Si no quieres, leerla no tienes por qué, pero si quieres saber eso tendrás que hacerlo. Spoiler free zone. Y sí, a mí personalmente me han hecho esta pregunta. Demasiadas veces. Y las que me quedan.

            Así que ya sabéis. Este es mi regalo de Navidad: La respuesta a las preguntas incontestables. Ahora, regaladle a los escritores, escritoras y escritorios un poquito de tranquilidad y consideración en estas fiestas y, si tenéis más preguntas de amabilidad dudosa, dejádmelas a mí en los comentarios.


FELIZ NAVIDAD



viernes, 25 de noviembre de 2016

5 preguntas que un escritor no sabrá responder

            Los escritores son almas despistadas y, aunque deberían saber un poco de todo, eso implica que normalmente no sepan un mucho de nada... Si a esto le sumamos sus comunes naturalezas pensativas, melancólicas, dubitativas, filosóficas, ... y un sinfín de adjetivos problemáticos, corremos el riesgo de realizar una pregunta que bien por ignorancia o bien por conflicto emocional (también pueden darse ambas al mismo tiempo) el sujeto escritoril no sabrá responder.
            A continuación, dispongo y expongo una pequeña lista que me encargaré como de costumbre de hacer algo más larga que un día sin pan, con la benevolencia de mi musa de la retórica y la elocuencia... ... ... (total, si no me odiáis ya por mis parrafadas, dudo que a estas alturas lo hagáis nunca...)
           
            1. ¿Por qué eres escritor?: ¡Ay, alma cándida de mi vida!
            ¿Por qué sale el sol por las mañanas? ¿Por qué por la noche la luna? ¿Por qué los pájaros cantan?... ¿Por qué otra vez esta pregunta?
            Es cierto que uno puede elegir ejercer de escritor (al fin y al cabo, si se es lo suficientemente masoquista para tener una cierta cantidad de talento y desaprovecharlo deliberadamente, allá la conciencia de cada uno), pero la llamada de las letras no se elige... y el ser capaz de juntar palabras detrás de otra con cierto sentimiento aún menos; la técnica siempre se puede adquirir y es deseable, pero no lo es todo.
            Digamos que el talento sin técnica es caos y la técnica sin talento una fotocopia insulsa. Y ambos, talento y técnica, sin pasión y amor por la literatura son una maleta muy cara pero totalmente vacía.
            Así que no preguntéis, a menos que queráis ver una expresión de desconcierto en la cara del escritor y un claro cortocircuito en sus ojos. Logic not found, logic not found... Si ha llegado hasta ese punto de querer dedicarse a la literatura por encima de todo es porque tenía que ser eso y así o la muerte en vida, nada más.

            2. ¿Cuál es el secreto para triunfar como escritor?: ¡Ayy, alma cándida de mi vida!
            Con esta pregunta existen dos opciones, en realidad.
            La primera es que, como sugiere el título de la entrada, el escritor no tenga ni idea y por lo tanto no pueda responderte. O que, si le caes bien y tiene un buen día, se invente una historia fantasiosa sobre una fórmula mágica para conseguir el éxito que incluya cosas como una batalla contra gorriones por una baya mágica (querido Neil Gaiman, sé que probablemente nunca leerá este blog, pero es usted un genio, señor mío).
            La segunda opción es que el escritor/a/orio en cuestión sí haya alcanzado el éxito, la fama y el renombre, lo que podría también significar que el interlocutor no sea un mero curioso, sino un periodista atrevido y muy poco original, todo hay que decirlo y que dicho escritor esté o cobrando por responder o consiguiendo una muy buena publicidad por ello... Sea como sea, a menos que se trate de un artista algo prepotente, dudo que tenga suficientemente claro qué c*** ha pasado o cómo ha llegado mágicamente hasta ese punto de éxito (puede que ni siquiera sea capaz de creérselo todavía) y tampoco sepa qué contestar... así que... evitad ésta también.

            3. ¿Por qué tienes tantos libros?: ¡Ayyy, alma cándida de mi vida!
            Mmmm no sé... ¿se materializaron de la nada? ¿los cultivé en macetas? ¿se multiplican por esporas? ¿son robados? ¿se los estoy guardando a un amigo? ¡Y yo que sé! ¡Pregúntales a ellos, que para eso son los okupas del 90% del espacio ya no habitable de mi casa!
            Pero no les riñas ni les eches, porfis... ya sé que acaparan mucho tiempo y espacio, que deberían colaborar con el alquiler, que remueven conciencias y que su perfume es muy peculiar... pero me hacen compañía, jo ...

            4. ¿Por qué hay faltas de ortografía en tus obras? ¿No las editas?: ¡Ayyyy, alma cándida ... ... la mía!
            Éstas sí que se materializan de la nada y se reproducen por esporas. Da igual las veces que leas o releas, SIEMPRE te saldrá alguna vergüenza por algún sitio... *llora desconsoladamente durante media hora...*
            Por favor, por favor, por favor. Nosotros sabemos que están, vosotros probablemente sabéis que están, ellas las muy adgafdgfd saben que están. No lo remarquéis, no humilléis nuestro tierno corazoncito avergonzado y concomido por la culpa y la desgracia de ese modo...

            5. ¿Cómo se cambia una bombilla?: ¡Ayyyyy, alma cándida de... la vida en general!
            A ver, que no quiero decir con esto que un escritor no sepa cambiar una bombilla, de hecho, con todas las horas que pasamos escribiendo de noche, seguro que fundimos más que la media habitual del resto de la humanidad.
            Pero si buscas a un escritor con el único objetivo de hacerle esta pregunta (u otra cualquiera de este tipo) por el hecho de ser escritor... pues sí que te hace falta cambiar la bombilla, porque definitivamente tú no tienes muchas luces.
            Ala, ya lo he dicho. A ver quién es el primer gracioso que me hace una pregunta así en los comentarios. Os desafío a atreveros con la tontería... A ver si así pasamos un buen rato hasta la próxima entrada.




viernes, 4 de noviembre de 2016

Mi aventura en la literatura II: Del manuscrito al libro

            Ahora que ya os he hecho esperar con ansias la segunda parte durante el tiempo suficiente, os quería contar qué le puede/suele/debe pasar a un manuscrito para convertirse en libro... Hay muchos caminos que puede seguir ese pedazo de papel y muchas opciones disponibles para los autores de hoy en día, que incluyen la autopublicación, el contrato editorial, la venta de la obra y todos sus derechos, la publicación voluntaria en portales de internet... cualquier opción es válida y posible siempre y cuando sea legal y consigas agenciarte los medios para llevarla a cabo. Como si tu sueño es tatuártela en la espalda, tú mismo, simplemente estudia las opciones y adelante con ello.
            Pero no es mi caso. Para estas novelas me he decantado por buscar contratos editoriales y, para esta segunda parte, me gustaría contar primeramente con... bueno, no voy a adelantaros detalles. Voy a ir paso a paso contándoos el proceso, que si no igual se me pierde alguien por el camino.
           
            Paso 1: Editar, re-editar y re-re-editar.
            Primero hay que empezar por leer la obra de corrido por primera vez, a poder ser en papel, y corregir todas las posibles faltas o errores que nos encontremos. Esto suena fácil, especialmente si somos duchos en ortografía, pero ahí es donde entra en juego nuestro maravilloso cerebro, a quien no le gusta que le tomen el pelo y le hagan reestudiarse algo que ya sabe casi de memoria. Y, de memoria, comienza él a recitar en nuestra cabeza mientras nuestros ojos navegan casi ciegos por las líneas creyendo, los muy ilusos, que están leyendo algo... y sin darnos cuenta, en vez de leer y corregir lo que pone, estamos recordando lo que debería poner y pasando casi todas las faltas y errores por alto... Ala, ¿empezamos de nuevo?
            Por eso, y sólo por eso, tendremos que leerlo otra vez. Y otra. Mínimo cuatro veces, para mi gusto. Y después dárselo a una persona de confianza para que lo lea una vez más. Y cuando esas cinco lecturas están hechas y los fallos bien marcados, entonces tenemos que abrir el ordenador y corregirlos uno a uno. Y después leer otra vez más, por si acaso, no vaya a haber también errores de vacíos argumentales, o paradojas inexplicables, o ... yo que sé, un párrafo de un trabajo de la universidad sobre los vasos canopos egipcios que se ha colado misteriosamente entre una descripción de un bar gótico de Ponferrada... me juré a mí misma que no me iba a volver a pasar y de momento lo he cumplido, aún no sé cómo pasó la primera vez.
            En fin, el caso es que, si al final de este periodo de revisiones exhaustivas no nos hemos aprendido nuestro libro de memoria, algo hemos hecho mal. Y si no has llegado a odiar tu propia novela o forma de escribir... enhorabuena, ya no lo harás nunca. ¡Bieeen!

            Paso 2: Los derechos de autor
            El siguiente paso es el más importante de todo el proceso a la hora de conservar nuestros derechos como escritor/a. Es algo que ha de hacerse con cada manuscrito, poema, artículo, canción y hasta receta de cocina de nuestra invención si queremos tener la más mínima posibilidad de reclamar la autoría del producto. De verdad y muy en serio, si publicáis algo en cualquier sitio sin haberlo registrado o sin que la propia plataforma proporcione derechos concretos de copyright, si alguien os roba, plagia o distribuye sin vuestro permiso... ¡ah, se siente! A ver cómo demostráis que eso era vuestro antes...
            Hay muchas formas de llevar un registro a cabo. Mi preferida (por ser la más oficial y porque prácticamente te lo dan todo hecho) es acudir a la oficina de Registro de la Propiedad Intelectual que me quede más cercana (cada Diputación provincial tiene la suya propia), rellenar el formulario de inscripción, pagar la tasa (unos 12€ por obra/dossier encuadernado en el que puedes meter todas las obras que quieras mientras las presentes bajo el mismo título unitario y así pagar sólo una vez jejeje) y entregar todos los resguardos junto a una copia de la obra. Y ya está. Te dan un papel certificando que la obra ha sido presentada y, cuando finalizan el proceso de revisión e inscripción, te envían la documentación por correo a casita. Tu obra ya es tuya y de nadie más. Chincha rabiña.

            Paso 3: Búsqueda de agente
            La búsqueda de un agente inmobiliario, aquí no viene al caso. Y la búsqueda de un agente literario, es totalmente opcional.
            Yo no lo hice para la primera novela y conseguí publicar igualmente... Aun así, tengo intención de encontrar uno para la segunda ya que, a la hora de conseguir una buena editorial, un buen contrato y una buena publicidad posterior, abre muchas más puertas llamar con un puño profesional y tener la altura suficiente para que te vean (y reconozcan) por la mirilla con un simple soy yo, que arañar la puerta con miedo, cara de pena e intentar que te cojan y lean un libro que no han pedido, a lo predicador plasta cargado de panfletos.
            Para conseguir un buen agente, según dicen algunos, hace falta una buena Propuesta Editorial. Que tienes que redactar tú. Tú solo. Tomándote tu buen tiempo para ello. Y apañándotelas como puedas para reunir todo aquello que al posible agente le llamará la atención en el buen sentido y obviando todo el rollo que no le va a interesar o, peor aún, que le va a parecer mal/pedante/contraproducente. Y todo esto sin enrollarte demasiado como yo ahora y siempre...por los siglos de los siglos amén. Pero también sin quedarte corto o dar la impresión de que no sabes por dónde andas. Y sin faltas o errores sintácticos, por favor, que eres un escritor... ¿qué clase de presentación es esa?
            Dichas propuestas han de tener varias partes:
- Carta de presentación: Introducción narrada sobre quién somos (como escritor/a, a ningún agente le interesa tanto tu vida personal, asúmelo) y el resumen muuuuuy resumido de qué clase de obra proponemos según el género y subgénero (novela, poemario, ensayo, ...), la temática (realista, de aventuras, fantástica, ...), el público (rangos de edad e intereses afines para los que la recomendarías), etc. No debería ser demasiado larga ni proponer ningún tipo de acuerdo, negocio o castillo en el aire que hayas soñado para el futuro de tu obra. Tampoco ninguna alabanza o fanfarronería (si la obra es buena, hablará por sí misma; no te conviertas en tu propia abuela ya desde la introducción, leñe). Eso sí, hay que intentar mencionar toda la experiencia laboral que se tiene en el mundo de la literatura, aunque sea un premio por participación del ayuntamiento de tu pueblo, cuanto más involucrado y experimentado te ven, más posibilidades hay de interesarles, como en cualquier trabajo, que eso es lo que vamos a hacer con ellos: trabajar. Aquí van también los datos de contacto, todos los posibles (si hay que poner 3 teléfonos y 5 correos, se ponen), que mal van a responder si no los tienen.
- Sinopsis: Aquí sí que podemos explayarnos un poco más hablando de la obra. Tenemos que incluir la sinopsis del libro (lo que irá escrito en la contraportada) y el argumento general (sin miedo a spoilers, que con suerte la van a leer igual). También hablar un poco en líneas generales de los mensajes que intentamos trasmitir o que se pueden deducir de la obra (si los tiene) y algún posible detalle sobre el argumento, el metauniverso, etc. que pueda ser interesante y darnos puntos que, sutilezas y formalismos aparte, en el fondo, eso es lo que queremos y necesitamos.
- Muestra de escritura: En el caso de una novela, lo ideal/habitual dicen que es adjuntar alrededor de quince páginas de Word o el prólogo y el primer capítulo. O buscar el equilibro entre ambas cosas, tampoco vamos a eliminar la última página del primer capítulo porque nos pasamos de quince, ni a meter sólo la primera del segundo porque no llegamos... ¿no? ¿no?
- Estudio de mercado: Aquí sí. Aquí sí que tenemos que vendernos como si nos fuese la vida en ello. Aquí es donde hemos de ponernos propios que no pedantes, astutos que no vulgares, extensos que no pesados y excelsos que no soberbios. Aquí es donde hemos de venderle hielo al esquimal sin que se dé cuenta del truco hasta que se haya derretido... o mejor, que no lo haga nunca. Aquí contaremos todas y cada una de las razones por las que creemos que el libro puede tener buena salida al mercado: por la temática, por experiencias previas... porque tenemos una tía en la Conchinchina que ha accedido a encargarnos y distribuir los primeros mil ejemplares por amor al arte y a nuestra persona. Aquí hay que demostrar lo que nuestra obra puede lograr, cómo puede hacerlo y lo que estamos dispuestos a hacer para que ocurra.
            Y todo esto lo mandamos en un paquete a miles de agentes, con todos nuestros datos al máximo detalle, que por falta de comunicación no sea.
            Y esperamos. Y esperamos. Y esperamos.
            Y rezamos. Y rezamos. Y rezamos.
            Y algunos no responderán... Y otros responderán que no pueden atender nuevos clientes... Y otros responderán que no les interesa... Y otros se mostrarán interesados, pero exigirán algún tipo de pago por adelantado para “cubrir costes” (y no se ha de picar nunca: los agentes de verdad cobran un porcentaje de las ganancias de sus representados, nunca por adelantado).
            Pero, si tenemos suerte, a alguno le llamará la atención nuestra obra y nos pedirá leerla entera. Y nos ofrecerá representarnos. Y si se interesan varios, podremos elegir al que más nos guste/convenga. Y negociaremos un contrato. Y ya tenemos agente. La mitad del camino ya está recorrido. Sí, la mitad, sólo la mitad, snif... ¡pero no me abandonéis ahora! quedaos hasta el final, porfis.

            Paso 4: Búsqueda de editorial
            En este paso no voy a necesitar enrollarme tanto como en el anterior *se oyen vítores en la distancia*. Básicamente, porque se tenga o no agente, tras decidir publicar mediante contrato editorial, hay que redactar una Propuesta editorial prácticamente calcada a la que se le envió al agente... o sea, que vamos a coger la Propuesta enviada al agente y que aún tendremos guardada en un documento (¿verdad? más nos vale...) y vamos a editarla.
            En la del agente había que orientar la narración (especialmente en el último punto) hacia el potencial literario/artístico/social/etc. de la obra y lo mucho que queremos trabajar en ella y en su promoción, es decir: en lo mucho que nos preocupa el proceso y lo mucho que queremos implicarnos y comprometernos con él. A la editorial, por el contrario, ... os lo voy a decir sin rodeos: la editorial es un negocio que se dedica a vender ejemplares de libros, así que le interesan más los números y estadísticas de ventas. Así de claro. Sin más. Empezad a edulcorar el estudio de mercado.
            El resto es lo mismo: Esperar respuestas. Y desear lo mejor. Y si tenemos suerte de que se interesen varias, escoger la que más nos guste y a negociar condiciones.

            Paso 5: El proceso editorial
            Una vez que hemos pescao una buena editorial que más o menos nos convence, comienza nuevamente la fase de lectura, re-lectura y re-re-lectura, pero en este caso los repasos serán alternos: Un retoque el editor, un retoque tú; otro retoque el editor, otro retoque tú. Hasta que ambas partes estén satisfechas con el resultado.
            Dos puntos muy a tener en cuenta:
            - El editor edita, no modifica ni censura: Es decir, que puede alterar el formato e incluso aconsejarte sobre algunos posibles cambios (tu agente también puede aconsejar cambios y es aún más probable que lo haga que el editor), pero en última instancia nadie salvo el escritor puede decidir qué permanece en la novela y qué no. Si la editorial no está de acuerdo y se niega a publicarlo de esa forma, se deshace el contrato y se busca otra.
            - Que la editorial corrija errores orto-tipográficos en la obra no implica que quede perfecta: Especialmente si utilizan un corrector ortográfico automático (y si no, que me lo digan a mí) por lo que el autor debe asegurarse de revisar el texto ENTERO cada vez que te lo devuelven para comprobar que no hay faltas o expresiones mal utilizadas... (especialmente si chocas con alguien que insiste en corregirte expresiones lingüísticas regionales afines al personaje o fragmentos de lenguaje sms. Sí, aún me duele, y mucho, lo admito). Si aun así aparecen algunas en la versión final, al menos no queda la conciencia intranquila.

            Paso 6: La publicación y presentaciones
            Tras todo el baile anteriormente descrito, una vez dado el visto bueno, enviado a la imprenta, solicitado el ISBN y tooooooooooooooodos los trámites editoriales bla, bla bla, llega la hora de organizar las presentaciones: buscar fechas y locales, pasearte por medios de comunicación y plataformas de publicidad, hacer y distribuir carteles, pre-firmar cientos de ejemplares, distribuir copias de las tuyas propias por librerías locales (en modalidad de depósito), preparar los distintos segmentos de los actos, pedir colaboración para ventas, grabaciones, distribución de folletos (que también hay que hacer e imprimir), etc., realizar ensayos con megafonía y luces,... pero, sobre todo, correr mucho la voz. Que se entere el mundo entero de que tu niño ya está en tus brazos... y que ha venido al mundo para quedarse.


            Y esta es la historia muy resumida, aunque no lo parezca de mi aventura en la literatura/pasos a seguir a la hora de publicar. Así que, cuando por fin pueda daros no a mucho tardar la noticia de que he terminado la segunda novela, que no empiece nadie a gritar como un loco “Quiero uno, quiero uno” ... tranquilos, que aún quedará camino hasta que llegue a libro y os la presente. Tomáoslo, si queréis, como una especie de anuncio de embarazo: ya está hecho y en camino, pero después hay que darle tiempo para que nazca.

            Mientras no me lleve nueve meses, vamos bien...



viernes, 8 de julio de 2016

Mi aventura en la literatura I: De la idea al manuscrito


            No son pocas las personas que alguna vez me han hecho preguntas del tipo: ¿De dónde sacas la inspiración? ¿Por qué escribes lo que escribes? ¿Cuándo acabas la siguiente novela? Y comentarios del tipo: Para escribir pasas mucho tiempo sentada tecleando, ¿no? Ahora, desde que acabes la novela hasta que te la publiquen no pasa mucho, ¿no? Es sólo mandarla a sitios y ya está, ¿no? ¿no? ¿no? ¿no?... Pues eso: no.
            Y como no, pues sí: voy a escribir y describir un poco el proceso de escritura primero y el de publicación después, con anécdotas, experiencias personales y métodos propios. Como ya tenéis una visión poco alocada de mí, ahí voy yo, a afianzarla y expandirla. Vengaaa, alegrííííía.
           
            Paso 1: La idea de bombero retirao.
            Es esa cosa que a todos nos llega en algún momento y a la que algunos hacen más caso que otros. Esa pequeña vocecilla en tu cabeza que un día se enciende como un resorte y te dice algo que te hace cuestionar tu cordura. Y tus principios. Y tus finales también, por qué no. Porque en un primer momento comienza como un pequeño detalle sin sentido flotando en medio de la nada, con tantas posibilidades de salir bien como de salir mal y acabar teniendo aún menos sentido.
            Puede ser cualquier cosa. Puede ser un objeto, una persona, una personalidad, un color, un sentimiento, una acción, un accidente, una textura, una mirada,... Algo se enciende dentro de ti y te impulsa a querer recordar ese algo, a llevarlo contigo, a expandir sus posibilidades... en caso de un escritor: a ponerlo por escrito. Y lo haces. Y aquí comienza tu descenso voluntario a la locura.

            Paso 2: La intención del escritor
            Antes de nada, tienes que saber o decidir qué clase de historia quieres contar. Y no me refiero solamente a decidir entre narrativa, poesía y teatro. O a uno de los subgéneros de estos. ¿Qué quieres lograr con tu historia? ¿Qué mensaje lleva en sus entrañas?
            ¿Quieres que la gente suspire por la monosidad de una historia de amor o que sufra lo indecible a causa de tu sadismo literario? Porque sinceramente, si algo he aprendido yo en mi laaaaaaaaarga carrera literaria (*tose* ya van catorce años de amateur *tose* y dos de autora publicada *tose* suficiente como para cortar el sarcasmo *tose* pero no seré yo quien lo haga *tose*) ... ...
            He tosido tanto que ya no recuerdo por dónde iba. Ah, sí, que si algo he aprendido yo en mi modesta carrera literaria (mejor así) es que lo importante para conseguir una reacción concreta no es la historia en sí, sino cómo la cuentes. Y no hay nada más perversamente divertido que coger un cuento de hadas y hacerlo sarcástico o, mejor aún, escabroso, sin perder la esencia de la historia. Probadlo, en serio, yo me lo paso pipa.
            ¿Qué pasa? ¿que después de tanto tiempo aún no os habéis dado cuenta de que yo también tengo cierto sadismo literario? Coitadines... lo que os espera... muajajaja.

            Paso 3: Construcción de los personajes
            Porque hay que ir de lo pequeño a lo más grande, empezamos por los personajes. ¿Cómo se llaman? ¿Cómo se visten? ¿Cómo piensan? ¿Cómo actúan?
            Y la mejor pregunta de todas las preguntas: ¿por qué? ... Por qué a todo. ¿Que por qué necesitamos porqués? Porque todo tiene un porqué más allá de porque sí. Porqueporqueporqueporqueporque error @#~%$*. Y da igual quién o qué sea. Sus razones tiene para ser y hacer lo que es y hace. Es una persona real en el mundo imaginario de tu cabeza y si tú no eres capaz de creerte esto como escritor, nadie será capaz de creérselo como lector.
            Y como persona real que es, llegará un punto en el que dicho personaje evolucionará por sí mismo y tú tendrás que dejar que lo haga, aunque eso tergiverse ligeramente tus planes para la historia. Para explicarlo clara y rápidamente: Un personaje cada vez más egoísta y sin corazón no va de repente a cambiar, arriesgar su vida para salvar a un inocente que ni le interesa y después volver a su personalidad anterior. Si no pega, no pega. Y punto. No los fuerces, son como niños, no los puedes proteger siempre.

            Paso 4: Construcción del mundo
            Este es uno de mis pasos favoritos. Tan favorito que para mi saga estoy escribiendo una guía completa sobre la cultura y sociedad de los erlinos. Y tengo una carpeta llena de tablas y cositas. Y estoy escribiendo historias mitológicas con La tejedora de historias. Y...y...y...
            La verdad es que la premisa es la misma que con los personajes: Que tenga sentido. Que aunque no siga las reglas de la física universal que conocemos en nuestra dimensión, sí tenga unas reglas propias y las siga.
            Lleva su tiempo y conozco a personas que dicen que no les gusta esta parte porque es un co%$*@# les distrae de la propia historia y hace el proceso más largo... Esto es verdad, ocurre, pero es un poco lo mismo que colocar la ropa ordenada en un armario: Pararse a doblar y colocar prenda a prenda puede cansar y aburrir, pero en un momento dado tendrás que abrir el armario para sacar algo y será más fácil encontrar lo que quieres sin equivocarte... o sin sacar esa prenda toda arrugada e inservible. Merece la pena ordenar una vez para evitar 100 búsquedas caóticas y futuras incongruencias o vacíos argumentales. Y esto se puede aplicar a casi todos los aspectos de la vida. (Pero qué mayor soy. Wiiiiiiiii)

            Paso 5: La película de tu cabeza
            Vale, mentí ligeramente, el punto anterior no es mi favorito, es éste. Aquí empieza lo bueno y lo personal de cada escritor. A partir de ahora descubriréis lo muy como una cabra que puedo llegar a estar parecer y cuán lejos estoy dispuesta a llegar para conseguir la narración que quiero. Este paso tiene a su vez varias etapas y en mi caso todas han de llevarse a cabo escena por escena, dependiendo el cómo del momento, las circunstancias y la disponibilidad de solitud para realizar tu trabajo. Que alguna persona te dé de vez en cuando sustos inesperados y te saque de tu modo o te corte el rollo, dificulta el proceso y puede llegar a obligarte a empezar de cero. Y, antes de que alguien se dé por aludido/a, no es una queja, sólo la observación de un hecho.
1- Intento quedarme lo más sola y aislada posible.
2- Creo una lista de reproducción de música afín.
3- Imagino toda la escena en mi cabeza como una película, una y otra vez, hasta que más o menos me convence.
4- Me involucro emocionalmente en la escena* para en cierto modo sentir lo que los personajes sentirían y ser capaz de transmitirlo mejor.
5- Imagino una última vez la escena final en mi cabeza con mis propias emociones a flor de piel y ya estoy lista para empezar a escribir.

            *El tema de mi involucramiento emocional en las escenas es una de las cosas que más gracia suele producirle a la gente cuando lo cuento, sobretodo porque el ejemplo que siempre pongo es cómo me gusta ponerme a subir y bajar escaleras a carreras cuando quiero escribir una pelea o batalla, porque ponerme en movimiento y acelerar mi propio corazón me ayuda a visualizar y sentir el acelere del momento. O cómo yo misma salto encima de un sofá o cama cuando escribo diálogos entre personajes que bromean.
            Lo que no tanta gente conoce (vamos a ponernos serios un instante), es que hago esto con cada tipo de escena y cada una de ellas es ligeramente distinta y dura, hasta el punto de llegar a ser emocionalmente agotador en escenas como las de dolor o angustia, en las que he llegado a machacarme emocionalmente a mí misma hasta llorar sólo para disponerme más receptiva y ser capaz de plasmar de la forma más verosímil posible la desolación del momento. Nadie dijo que escribir tuviera que ser fácil. (Fin de la seriedad)

            Paso 6: Ahora sí, escribir.
            Una vez que ya tienes todo este tinglao montao, ya puedes sentarte, suspirar y decir con pleno derecho esa frase tan de madre “¡es que no me he sentao en todo el día!” Porque no lo has hecho. Porque no tenías que hacerlo. Porque como ya has visto, la aventura de la literatura sobretodo la aventura de la novela, trata mucho más de planear que de escribir; de buscar información que de crearla; de jugar al tetris argumental y cargarte de cuadros y esquemas por todas partes.
            Pero ahora que ya estás preparado/a/orio, tienes tu historia clara y tus emociones a flor de piel, puedes empezar... a romperte la cabeza para transformar la épica desbordante de tu cabeza en palabrejas varias que se resisten a salir.
            Ahora, que si tenéis un bloqueo literario por falta de palabras, yo tengo tres posibles métodos y todos ellos requieren pelotas y ninguno sopa de letras. En este ámbito, eso de lo que se come se cría no aplica... que yo sepa (siempre podéis intentarlo, no seré yo quien frene los sueños de nadie). Mi consejo para sonsacarte palabras a ti mismo es que leáis despacio y en voz alta la última frase que habéis escrito marcando cada sílaba y con cada golpe de voz hagáis una de estas tres cosas:
1- Malabares, lanzando una pelota con cada sílaba.
2- Estrujar una pelota anti-estrés, un estrujón por sílaba
3- En ultimísima instancia, golpear la pelota anti-estrés contra la pared, a golpe por sílaba.
            Repetir hasta que salga la palabra o hasta hartarse y dejarlo por imposible hasta el año día siguiente. A mí me suele funcionar... cuando lo hace.

            Y a partir de aquí, en algún momento futuro, conseguiremos terminar el primer borrador de nuestro manuscrito, lo que nos llenará de orgullo y esperanza en un futuro más radiante y feliz.
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En el próximo capítulo: Mi aventura en la literatura II: Del manuscrito al libro.



jueves, 11 de febrero de 2016

Qué esperar de un escritor por San Valentín

            Ya ha llegado nuevamente esa fecha del año en la que los establecimientos de alimentación se llenan de bombones y otros dulces, las mercerías de lencería sugerente, la televisión de anuncios de perfumes y las redes sociales de composiciones fotográficas tan originales que parece misión celestial de algunos internautas compartidas y reenviadas hasta que dejan de serlo.
            No, no es Navidad... otra vez. Tampoco el día de la madre, ni del padre, ni de la amistad, ni de dar saltos a la pata coja, aunque comprendo vuestra posible confusión. Todas estas fiestas comienzan a parecerse unas a otras cada vez más, especialmente por la sencilla razón de que parece gustarnos desarrollarlas alrededor de una lluvia de regalos y tarjetas monas vestidas de seda.
            Y ya está Sarit quejándose otra vez y yéndose a esquiar por los cerros de Úbeda... y eso que este invierno casi ni hemos visto la nieve. Mil perdones.
            *Recapitulando*, *Recapitulando*, ...

            Este fin de semana es San Valentín.
            Y ya que el año pasado proporcioné a todo aquél que quiso leerla una lista con posibles regalos para un escritor/a/orio, este año vuelvo con la nueva misión de mostrar al mundo qué se puede esperar recibir de un escritor o escritora en esta misma celebración. He querido en esta ocasión excluir a los escritorios del apuro porque, aunque les guste mucho recibir regalos y los agradezcan, por desgracia para el resto del mundo, no parecen tener madera de hacer regalos ellos mismos.
            Como siempre, esta lista está basada en mi propia experiencia, así que si algún iluso, alguna ilusa o algún ilusorio cree ser capaz de enamorarme en algún momento (dejadlo para el año que viene, que este ya no hay tiempo pa tó), esto es más o menos lo que podríais esperar de mí (dependiendo de lo llena o más bien vacía que vaya la cartera):

            1. Chocolate/bombones: Como ya dije el año pasado, éste puede parecer un regalo muy típico y no relacionado con escribir, pero lo es, aunque no tanto con nuestras parejas como con nosotros mismos. Si vuestro escritor/a os regala chocolate y pasa más tiempo en casa que vosotros, comedlo todo en seguida o esconded bien este magnífico regalo, porque en cuanto se ponga a escribir y le entre el gusanillo, si lo encuentra, no llegaréis ni a probarlo. Cuando queráis os lo demuestro...
            2. Un poema:¿Qué mayor muestra de amor que escribirle y dedicarle un precioso poema?” Éste es, ni más ni menos, el razonamiento detrás de este tipo de regalo. Ahora de la calidad del mismo ya no puedo ni hablar, ni jurar, ni prometer nada... Nadie es Béquer o Neruda salvo Béquer y Neruda respectivamente. Y parecidos lo son pocos.
            3. Una carta de amor: Normalmente más extensa que la opción anterior. Además de más prosaica, lo que suele equivaler a más rápida, fácil y fluida de redactar; lo que a su vez suele equivaler a más sincera y directa; lo que implica que sea emocionalmente más difícil de escribir, ... Que no. Que de sencillo no tiene nada el sincerarse sin tapujos en una carta, por mucho que tengamos la opción de editar y reeditar. Así que valoradlo, que nadie salvo un puro masoquista se expone y muestra vulnerable a conciencia con cualquiera.
            4. Un libro (parte 1): Como ya se ha dicho muchas veces (porque no, no sólo lo digo yo) un escritor suele y debe empezar su andadura como lector. Y de la misma forma que no hay un buen enamorado que no presuma de su pareja, tampoco hay un buen amante de los libros que no guste de compartir sus títulos favoritos con aquellos a los que aprecia. Lo siento mucho, pero habéis de asumirlo: si os enamoráis de un escritor (o más concretamente, de un lector apasionado) es muy probable que le cueste llegar a quereros tanto como a sus libros, ya no digamos más que a ellos, pero sobre este tema entraremos más en detalle otro día.
            5. Un libro (parte 2): Se etiqueta a alguien como escritor principalmente porque escribe, cae de cajón de sastre. Por eso no debería extrañarnos que, si escribe, pueda publicar ni que esa publicación sea un libro. ¿Y si un año llega por San Valentín con una copia de su recién publicado libro, nos lo entrega y al abrirlo vemos que nos lo ha dedicado a nosotros? Pues eso. Ahí lo dejo.
            6. Caza del tesoro: Porque la imaginación y la aventura a veces lo son todo. Y ya puestos a redactar, ¿por qué no crear un mazo de tarjetas con pistas y acertijos para llegar hasta un regalo aleatorio? En este, personalmente (aunque no por San Valentín), tengo algo de experiencia y puedo asegurar que me lo pasé tan bien haciéndolo como viendo el resultado y como sé que me lo habría pasado si me lo hubiesen hecho a mí.
            7. Una bocina: Para todos esos momentos en los que el escritor se evade de la realidad (con o sin ayuda de auriculares), se encierra en su mundo y la pareja u otro/a quiere hacernos regresar porque tiene la necesidad de entablar conversación, comunicar una noticia o hacernos reaccionar para abandonar el edificio claramente en llamas. En principio una bocina debería bastar. Si no es suficiente, leer punto 8.
            8. Un mazo de madera: Mismas razones que el punto anterior pero mayor intensidad de choque. La reacción debería ser mejor en principio, ... siempre que uno no se pase de fuerza y lleve al escritor/a a un estado de inconsciencia en el que responda básicamente lo mismo que si estuviese ensimismado: Nada.
            Nota: Este regalo, aunque útil y práctico para la pareja, es poco probable que el escritor se atreva a elegirlo.
            9. Un muñeco/a de tamaño real: Para que haga compañía a nuestra pareja y le evite la desilusión del abandono cuando el escritor/a entra en una fase o periodo de creatividad profunda que le mantenga socialmente aislado por una larga pero indefinida cantidad de tiempo.
            10. Un diccionario o gramática: O los dos. Cualquier persona que trabaje en materias relacionadas con la escritura, idiomas o filologías siempre estará inclinada a corregir los errores gramaticales de los demás y por lo tanto (por piedad o por cansancio), querrá asegurarse de que sus seres queridos más cercanos estén preparados y aprendan lo más rápido posible. No lo hacemos a mal, somos así. No podemos evitarlo, es más fuerte que nosotros. Si queréis un ejemplo para entenderlo, es como cuando vemos un cuadro torcido y nuestro primer instinto es alargar la mano para enderezarlo...
            11. Pelota anti-estrés: El año pasado os comenté que este era un regalo muy útil para los escritores, pues ayudaba a pensar en la fase creativa pre-escritura. Pues bien, a la hora de recibir regalos de un escritor/a, como también tenemos nuestro corazoncito, sabemos lo bien que funcionan estos chismes y somos conscientes de que lidiar con una mente tan estrafalaria es... digamos... muy entretenido, este también es un regalo que deberíais esperar y desear, por si acaso.

            Éstos son algunos de los posibles regalos que se me ocurren para San Valentín, como muestras de amor y aprecio de un escritor/a. Como siempre, seguro que habrá muchos más y mejores, ... pero ésto es lo que hay de parte de una servidora.


            Si alguien tiene alguna otra sugerencia, puede animarse a dejar un comentario.
            Si por el contrario queréis que sea yo la que os regale algo de ésto, invitadme a cenar primero.
            Para salir, pulse 3.
            Gracias por haber leído la entrada de este blog.




viernes, 15 de enero de 2016

Receta de inspiración instantánea


            Hoy, en esta nueva edición de “Sopa de letras, empanada mental”, su programa nocturno favorito, aprenderemos una forma rápida y sencilla de preparar la famosa receta de la inspiración literaria.

            Ingredientes
1 Maleta o mochila amplia
1 Hoja en blanco
1 Bolígrafo o pluma estilográfica
1 Reproductor de música con <inserte nombre de músico/grupo musical que más odia>
1 Caja grande de madera sin tapa o cubierta
1 Palo de la misma longitud que el largo de la caja
1 Orfeo (+ instrumento musical)
2 Tapones para los oídos
1 Rollo de cuerda de 3m
1 Saco de patatas suficientemente grande como para meterte dentro
1 Pasaporte/DNI en regla
Dinero
Ropa de camuflaje
Material de escalada de su elección
Sal
Limón
Tequila

Preparación
            Coja su maleta o mochila e introduzca dentro sin desembalar todos los ingredientes, salvo su pasaporte o DNI y parte de su dinero. Coja dicha documentación y compruebe en su centro gubernamental más cercano que no pesa sobre usted ninguna condena judicial ni restricción para viajar por la Unión Europea, no se puede cocinar en condiciones con la cocina sucia; una vez certificado, acuda a un aeropuerto y compre con el dinero que hemos apartado previamente un billete a Grecia, preferiblemente al aeropuerto de Salónica-Macedonia, por la cercanía de los sabores. Recoja su mochila con los ingredientes y embarque.
            Una vez en su destino, diríjase sin demora al monte Olimpo, escale con su material de escalada y trate de localizar una fuente mineral natural en sus laderas con un pedazo de encimera despejada pequeño descampado en las cercanías. En ese descampado, comience a emplatar de la siguiente manera: Coja la caja, ubíquela del revés y apoye uno de los bordes de menor longitud en el suelo y sostenga el otro en alto con el palo; disponga justo debajo, la hoja en blanco en el centro con el bolígrafo encima y el reproductor de música a su lado.
            Una vez terminada la trampa, manténgala a fuego lento mientras usted se viste con las ropas de camuflaje detrás de un arbusto. No olvide encender el reproductor una vez vestido y asegurarse de tener el resto de ingredientes a mano antes de sentarse a esperar.
            Con el sonido de la repelente música y la llamada de la hoja que ansía ser llenada de letras, no tardará en aparecer una criatura conocida como Musa del Olimpo, quien se acercará primero con desconfianza, pero que no podrá evitar querer escribir en la hoja y querer enseñar a esos músicos de pacotilla lo que es la música verdadera... o al menos lo que es el silencio por respeto a la cordura. Cuando esto ocurra, la trampa habrá funcionado y la musa se encontrará lista en la caja, pero no podemos mantenerla ahí demasiado o se quemará con nosotros.
            Este es el momento de utilizar nuestro Orfeo y su instrumento musical. Deberemos ponernos nuestros tapones protectores (por si su música nos salpica), acercarnos a la caja con él y pedirle que toque suavemente hasta reducir el nivel de consciencia de nuestra musa. Podremos ayudarnos de la sal, limón y tequila si deseamos que se duerma más rápido, pero no debemos pasarnos, al fin y al cabo ese acompañamiento lo estamos reservando para nosotros mismos.
            Una vez dormida, levantar la caja, atar con la cuerda e introducir en el saco. Recoger todas nuestras pertenencias; también todos los desperdicios que hemos generado para intentar regalárselos al Orfeo como compensación por su colaboración. Aceptará todo menos el reproductor de esa música del averno... así que rómpala en mil pedazos y entiérrela sin que le vea nadie recíclela. Libere al Orfeo en el Olimpo para compensar a Zeus por lo que se lleva.
            Regrese al aeropuerto y facture su musa. Como aún le queda parte del dinero que no hemos utilizado, haga el favor de no ser tacaño y comprarle a su madre una postal, como mínimo. Una vez en su casa, disfrute de su musa y celebre su recién adquirida inspiración con sal, limón y tequila, ... ¡pero no se empache demasiado!