jueves, 11 de febrero de 2016

Qué esperar de un escritor por San Valentín

            Ya ha llegado nuevamente esa fecha del año en la que los establecimientos de alimentación se llenan de bombones y otros dulces, las mercerías de lencería sugerente, la televisión de anuncios de perfumes y las redes sociales de composiciones fotográficas tan originales que parece misión celestial de algunos internautas compartidas y reenviadas hasta que dejan de serlo.
            No, no es Navidad... otra vez. Tampoco el día de la madre, ni del padre, ni de la amistad, ni de dar saltos a la pata coja, aunque comprendo vuestra posible confusión. Todas estas fiestas comienzan a parecerse unas a otras cada vez más, especialmente por la sencilla razón de que parece gustarnos desarrollarlas alrededor de una lluvia de regalos y tarjetas monas vestidas de seda.
            Y ya está Sarit quejándose otra vez y yéndose a esquiar por los cerros de Úbeda... y eso que este invierno casi ni hemos visto la nieve. Mil perdones.
            *Recapitulando*, *Recapitulando*, ...

            Este fin de semana es San Valentín.
            Y ya que el año pasado proporcioné a todo aquél que quiso leerla una lista con posibles regalos para un escritor/a/orio, este año vuelvo con la nueva misión de mostrar al mundo qué se puede esperar recibir de un escritor o escritora en esta misma celebración. He querido en esta ocasión excluir a los escritorios del apuro porque, aunque les guste mucho recibir regalos y los agradezcan, por desgracia para el resto del mundo, no parecen tener madera de hacer regalos ellos mismos.
            Como siempre, esta lista está basada en mi propia experiencia, así que si algún iluso, alguna ilusa o algún ilusorio cree ser capaz de enamorarme en algún momento (dejadlo para el año que viene, que este ya no hay tiempo pa tó), esto es más o menos lo que podríais esperar de mí (dependiendo de lo llena o más bien vacía que vaya la cartera):

            1. Chocolate/bombones: Como ya dije el año pasado, éste puede parecer un regalo muy típico y no relacionado con escribir, pero lo es, aunque no tanto con nuestras parejas como con nosotros mismos. Si vuestro escritor/a os regala chocolate y pasa más tiempo en casa que vosotros, comedlo todo en seguida o esconded bien este magnífico regalo, porque en cuanto se ponga a escribir y le entre el gusanillo, si lo encuentra, no llegaréis ni a probarlo. Cuando queráis os lo demuestro...
            2. Un poema:¿Qué mayor muestra de amor que escribirle y dedicarle un precioso poema?” Éste es, ni más ni menos, el razonamiento detrás de este tipo de regalo. Ahora de la calidad del mismo ya no puedo ni hablar, ni jurar, ni prometer nada... Nadie es Béquer o Neruda salvo Béquer y Neruda respectivamente. Y parecidos lo son pocos.
            3. Una carta de amor: Normalmente más extensa que la opción anterior. Además de más prosaica, lo que suele equivaler a más rápida, fácil y fluida de redactar; lo que a su vez suele equivaler a más sincera y directa; lo que implica que sea emocionalmente más difícil de escribir, ... Que no. Que de sencillo no tiene nada el sincerarse sin tapujos en una carta, por mucho que tengamos la opción de editar y reeditar. Así que valoradlo, que nadie salvo un puro masoquista se expone y muestra vulnerable a conciencia con cualquiera.
            4. Un libro (parte 1): Como ya se ha dicho muchas veces (porque no, no sólo lo digo yo) un escritor suele y debe empezar su andadura como lector. Y de la misma forma que no hay un buen enamorado que no presuma de su pareja, tampoco hay un buen amante de los libros que no guste de compartir sus títulos favoritos con aquellos a los que aprecia. Lo siento mucho, pero habéis de asumirlo: si os enamoráis de un escritor (o más concretamente, de un lector apasionado) es muy probable que le cueste llegar a quereros tanto como a sus libros, ya no digamos más que a ellos, pero sobre este tema entraremos más en detalle otro día.
            5. Un libro (parte 2): Se etiqueta a alguien como escritor principalmente porque escribe, cae de cajón de sastre. Por eso no debería extrañarnos que, si escribe, pueda publicar ni que esa publicación sea un libro. ¿Y si un año llega por San Valentín con una copia de su recién publicado libro, nos lo entrega y al abrirlo vemos que nos lo ha dedicado a nosotros? Pues eso. Ahí lo dejo.
            6. Caza del tesoro: Porque la imaginación y la aventura a veces lo son todo. Y ya puestos a redactar, ¿por qué no crear un mazo de tarjetas con pistas y acertijos para llegar hasta un regalo aleatorio? En este, personalmente (aunque no por San Valentín), tengo algo de experiencia y puedo asegurar que me lo pasé tan bien haciéndolo como viendo el resultado y como sé que me lo habría pasado si me lo hubiesen hecho a mí.
            7. Una bocina: Para todos esos momentos en los que el escritor se evade de la realidad (con o sin ayuda de auriculares), se encierra en su mundo y la pareja u otro/a quiere hacernos regresar porque tiene la necesidad de entablar conversación, comunicar una noticia o hacernos reaccionar para abandonar el edificio claramente en llamas. En principio una bocina debería bastar. Si no es suficiente, leer punto 8.
            8. Un mazo de madera: Mismas razones que el punto anterior pero mayor intensidad de choque. La reacción debería ser mejor en principio, ... siempre que uno no se pase de fuerza y lleve al escritor/a a un estado de inconsciencia en el que responda básicamente lo mismo que si estuviese ensimismado: Nada.
            Nota: Este regalo, aunque útil y práctico para la pareja, es poco probable que el escritor se atreva a elegirlo.
            9. Un muñeco/a de tamaño real: Para que haga compañía a nuestra pareja y le evite la desilusión del abandono cuando el escritor/a entra en una fase o periodo de creatividad profunda que le mantenga socialmente aislado por una larga pero indefinida cantidad de tiempo.
            10. Un diccionario o gramática: O los dos. Cualquier persona que trabaje en materias relacionadas con la escritura, idiomas o filologías siempre estará inclinada a corregir los errores gramaticales de los demás y por lo tanto (por piedad o por cansancio), querrá asegurarse de que sus seres queridos más cercanos estén preparados y aprendan lo más rápido posible. No lo hacemos a mal, somos así. No podemos evitarlo, es más fuerte que nosotros. Si queréis un ejemplo para entenderlo, es como cuando vemos un cuadro torcido y nuestro primer instinto es alargar la mano para enderezarlo...
            11. Pelota anti-estrés: El año pasado os comenté que este era un regalo muy útil para los escritores, pues ayudaba a pensar en la fase creativa pre-escritura. Pues bien, a la hora de recibir regalos de un escritor/a, como también tenemos nuestro corazoncito, sabemos lo bien que funcionan estos chismes y somos conscientes de que lidiar con una mente tan estrafalaria es... digamos... muy entretenido, este también es un regalo que deberíais esperar y desear, por si acaso.

            Éstos son algunos de los posibles regalos que se me ocurren para San Valentín, como muestras de amor y aprecio de un escritor/a. Como siempre, seguro que habrá muchos más y mejores, ... pero ésto es lo que hay de parte de una servidora.


            Si alguien tiene alguna otra sugerencia, puede animarse a dejar un comentario.
            Si por el contrario queréis que sea yo la que os regale algo de ésto, invitadme a cenar primero.
            Para salir, pulse 3.
            Gracias por haber leído la entrada de este blog.




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