viernes, 8 de julio de 2016

Mi aventura en la literatura I: De la idea al manuscrito


            No son pocas las personas que alguna vez me han hecho preguntas del tipo: ¿De dónde sacas la inspiración? ¿Por qué escribes lo que escribes? ¿Cuándo acabas la siguiente novela? Y comentarios del tipo: Para escribir pasas mucho tiempo sentada tecleando, ¿no? Ahora, desde que acabes la novela hasta que te la publiquen no pasa mucho, ¿no? Es sólo mandarla a sitios y ya está, ¿no? ¿no? ¿no? ¿no?... Pues eso: no.
            Y como no, pues sí: voy a escribir y describir un poco el proceso de escritura primero y el de publicación después, con anécdotas, experiencias personales y métodos propios. Como ya tenéis una visión poco alocada de mí, ahí voy yo, a afianzarla y expandirla. Vengaaa, alegrííííía.
           
            Paso 1: La idea de bombero retirao.
            Es esa cosa que a todos nos llega en algún momento y a la que algunos hacen más caso que otros. Esa pequeña vocecilla en tu cabeza que un día se enciende como un resorte y te dice algo que te hace cuestionar tu cordura. Y tus principios. Y tus finales también, por qué no. Porque en un primer momento comienza como un pequeño detalle sin sentido flotando en medio de la nada, con tantas posibilidades de salir bien como de salir mal y acabar teniendo aún menos sentido.
            Puede ser cualquier cosa. Puede ser un objeto, una persona, una personalidad, un color, un sentimiento, una acción, un accidente, una textura, una mirada,... Algo se enciende dentro de ti y te impulsa a querer recordar ese algo, a llevarlo contigo, a expandir sus posibilidades... en caso de un escritor: a ponerlo por escrito. Y lo haces. Y aquí comienza tu descenso voluntario a la locura.

            Paso 2: La intención del escritor
            Antes de nada, tienes que saber o decidir qué clase de historia quieres contar. Y no me refiero solamente a decidir entre narrativa, poesía y teatro. O a uno de los subgéneros de estos. ¿Qué quieres lograr con tu historia? ¿Qué mensaje lleva en sus entrañas?
            ¿Quieres que la gente suspire por la monosidad de una historia de amor o que sufra lo indecible a causa de tu sadismo literario? Porque sinceramente, si algo he aprendido yo en mi laaaaaaaaarga carrera literaria (*tose* ya van catorce años de amateur *tose* y dos de autora publicada *tose* suficiente como para cortar el sarcasmo *tose* pero no seré yo quien lo haga *tose*) ... ...
            He tosido tanto que ya no recuerdo por dónde iba. Ah, sí, que si algo he aprendido yo en mi modesta carrera literaria (mejor así) es que lo importante para conseguir una reacción concreta no es la historia en sí, sino cómo la cuentes. Y no hay nada más perversamente divertido que coger un cuento de hadas y hacerlo sarcástico o, mejor aún, escabroso, sin perder la esencia de la historia. Probadlo, en serio, yo me lo paso pipa.
            ¿Qué pasa? ¿que después de tanto tiempo aún no os habéis dado cuenta de que yo también tengo cierto sadismo literario? Coitadines... lo que os espera... muajajaja.

            Paso 3: Construcción de los personajes
            Porque hay que ir de lo pequeño a lo más grande, empezamos por los personajes. ¿Cómo se llaman? ¿Cómo se visten? ¿Cómo piensan? ¿Cómo actúan?
            Y la mejor pregunta de todas las preguntas: ¿por qué? ... Por qué a todo. ¿Que por qué necesitamos porqués? Porque todo tiene un porqué más allá de porque sí. Porqueporqueporqueporqueporque error @#~%$*. Y da igual quién o qué sea. Sus razones tiene para ser y hacer lo que es y hace. Es una persona real en el mundo imaginario de tu cabeza y si tú no eres capaz de creerte esto como escritor, nadie será capaz de creérselo como lector.
            Y como persona real que es, llegará un punto en el que dicho personaje evolucionará por sí mismo y tú tendrás que dejar que lo haga, aunque eso tergiverse ligeramente tus planes para la historia. Para explicarlo clara y rápidamente: Un personaje cada vez más egoísta y sin corazón no va de repente a cambiar, arriesgar su vida para salvar a un inocente que ni le interesa y después volver a su personalidad anterior. Si no pega, no pega. Y punto. No los fuerces, son como niños, no los puedes proteger siempre.

            Paso 4: Construcción del mundo
            Este es uno de mis pasos favoritos. Tan favorito que para mi saga estoy escribiendo una guía completa sobre la cultura y sociedad de los erlinos. Y tengo una carpeta llena de tablas y cositas. Y estoy escribiendo historias mitológicas con La tejedora de historias. Y...y...y...
            La verdad es que la premisa es la misma que con los personajes: Que tenga sentido. Que aunque no siga las reglas de la física universal que conocemos en nuestra dimensión, sí tenga unas reglas propias y las siga.
            Lleva su tiempo y conozco a personas que dicen que no les gusta esta parte porque es un co%$*@# les distrae de la propia historia y hace el proceso más largo... Esto es verdad, ocurre, pero es un poco lo mismo que colocar la ropa ordenada en un armario: Pararse a doblar y colocar prenda a prenda puede cansar y aburrir, pero en un momento dado tendrás que abrir el armario para sacar algo y será más fácil encontrar lo que quieres sin equivocarte... o sin sacar esa prenda toda arrugada e inservible. Merece la pena ordenar una vez para evitar 100 búsquedas caóticas y futuras incongruencias o vacíos argumentales. Y esto se puede aplicar a casi todos los aspectos de la vida. (Pero qué mayor soy. Wiiiiiiiii)

            Paso 5: La película de tu cabeza
            Vale, mentí ligeramente, el punto anterior no es mi favorito, es éste. Aquí empieza lo bueno y lo personal de cada escritor. A partir de ahora descubriréis lo muy como una cabra que puedo llegar a estar parecer y cuán lejos estoy dispuesta a llegar para conseguir la narración que quiero. Este paso tiene a su vez varias etapas y en mi caso todas han de llevarse a cabo escena por escena, dependiendo el cómo del momento, las circunstancias y la disponibilidad de solitud para realizar tu trabajo. Que alguna persona te dé de vez en cuando sustos inesperados y te saque de tu modo o te corte el rollo, dificulta el proceso y puede llegar a obligarte a empezar de cero. Y, antes de que alguien se dé por aludido/a, no es una queja, sólo la observación de un hecho.
1- Intento quedarme lo más sola y aislada posible.
2- Creo una lista de reproducción de música afín.
3- Imagino toda la escena en mi cabeza como una película, una y otra vez, hasta que más o menos me convence.
4- Me involucro emocionalmente en la escena* para en cierto modo sentir lo que los personajes sentirían y ser capaz de transmitirlo mejor.
5- Imagino una última vez la escena final en mi cabeza con mis propias emociones a flor de piel y ya estoy lista para empezar a escribir.

            *El tema de mi involucramiento emocional en las escenas es una de las cosas que más gracia suele producirle a la gente cuando lo cuento, sobretodo porque el ejemplo que siempre pongo es cómo me gusta ponerme a subir y bajar escaleras a carreras cuando quiero escribir una pelea o batalla, porque ponerme en movimiento y acelerar mi propio corazón me ayuda a visualizar y sentir el acelere del momento. O cómo yo misma salto encima de un sofá o cama cuando escribo diálogos entre personajes que bromean.
            Lo que no tanta gente conoce (vamos a ponernos serios un instante), es que hago esto con cada tipo de escena y cada una de ellas es ligeramente distinta y dura, hasta el punto de llegar a ser emocionalmente agotador en escenas como las de dolor o angustia, en las que he llegado a machacarme emocionalmente a mí misma hasta llorar sólo para disponerme más receptiva y ser capaz de plasmar de la forma más verosímil posible la desolación del momento. Nadie dijo que escribir tuviera que ser fácil. (Fin de la seriedad)

            Paso 6: Ahora sí, escribir.
            Una vez que ya tienes todo este tinglao montao, ya puedes sentarte, suspirar y decir con pleno derecho esa frase tan de madre “¡es que no me he sentao en todo el día!” Porque no lo has hecho. Porque no tenías que hacerlo. Porque como ya has visto, la aventura de la literatura sobretodo la aventura de la novela, trata mucho más de planear que de escribir; de buscar información que de crearla; de jugar al tetris argumental y cargarte de cuadros y esquemas por todas partes.
            Pero ahora que ya estás preparado/a/orio, tienes tu historia clara y tus emociones a flor de piel, puedes empezar... a romperte la cabeza para transformar la épica desbordante de tu cabeza en palabrejas varias que se resisten a salir.
            Ahora, que si tenéis un bloqueo literario por falta de palabras, yo tengo tres posibles métodos y todos ellos requieren pelotas y ninguno sopa de letras. En este ámbito, eso de lo que se come se cría no aplica... que yo sepa (siempre podéis intentarlo, no seré yo quien frene los sueños de nadie). Mi consejo para sonsacarte palabras a ti mismo es que leáis despacio y en voz alta la última frase que habéis escrito marcando cada sílaba y con cada golpe de voz hagáis una de estas tres cosas:
1- Malabares, lanzando una pelota con cada sílaba.
2- Estrujar una pelota anti-estrés, un estrujón por sílaba
3- En ultimísima instancia, golpear la pelota anti-estrés contra la pared, a golpe por sílaba.
            Repetir hasta que salga la palabra o hasta hartarse y dejarlo por imposible hasta el año día siguiente. A mí me suele funcionar... cuando lo hace.

            Y a partir de aquí, en algún momento futuro, conseguiremos terminar el primer borrador de nuestro manuscrito, lo que nos llenará de orgullo y esperanza en un futuro más radiante y feliz.
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En el próximo capítulo: Mi aventura en la literatura II: Del manuscrito al libro.



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